Mandukya Upanixade – Sono Profundo (RG)

tradutor (?)

Este estado de indiferenciación [prajna, sono profundo], en el que todo el conocimiento, comprendido el de los demás estados, está centralizado sintéticamente en la unidad esencial y fundamental del ser, es el estado no manifestado o «no desarrollado» (avyakta), principio y causa (karana) de toda la manifestación, y a partir del cual ésta se desarrolla en la multiplicidad de sus diversos estados, y más particularmente, en lo que concierne al ser humano, en sus estados sutil y grosero. Este estado no manifestado, concebido como raíz de lo manifestado (vyakta), que no es más que su efecto (karya), se identifica bajo esta relación a Mula-Prakriti, la «Naturaleza primordial»; pero, en realidad, es a la vez Purusha y Prakriti, puesto que contiene a ambos en su indiferenciación misma, ya que es causa en el sentido total de esta palabra, es decir, a la vez «causa eficiente» y «causa material», para servirnos de la terminología ordinaria, a la que preferimos con mucho las expresiones de «causa esencial» y «causa substancial», puesto que es en efecto a la «esencia» y a la «substancia», definidas como lo hemos hecho precedentemente, a lo que se refieren respectivamente estos dos aspectos complementarios de la causalidad. Si Atma, en este tercer estado, está así más allá de la distinción de Purusha y de Prakriti, o de los dos polos de la manifestación, es porque ya no está en la existencia condicionada, sino más bien en el grado del Ser puro; sin embargo, aquí debemos comprender además a Purusha y Prakriti, que son también no manifestados, e incluso, en un sentido, como lo veremos dentro de un momento, los estados de manifestación informales, que ya hemos debido vincular a lo Universal, puesto que son verdaderamente estados supraindividuales del ser; y por lo demás, recordémoslo aquí también, todos los estados manifestados están contenidos, en principio y sintéticamente, en el Ser no manifestado.

En este estado, los diferentes objetos de la manifestación, incluso los de la manifestación individual, tanto externos como internos, no son destruidos, sino que subsisten en modo principial, puesto que están unificados por eso mismo de que ya no son concebidos bajo el aspecto secundario y contingente de la distinción; vuelven a encontrarse necesariamente entre las posibilidades del “Sí mismo”, y éste permanece consciente por sí mismo de todas estas posibilidades, consideradas “no distintivamente” en el Conocimiento integral, desde que es consciente de su propia permanencia en el “eterno presente”[[Es esto lo que permite transponer metafísicamente la doctrina teológica de la “resurrección de los muertos”, así como la concepción del “cuerpo glorioso”; éste, por lo demás, no es un cuerpo en el sentido propio de esta palabra, sino que es su “transformación” ( o su “transfiguración” ), es decir, su transposición fuera de la forma y de las demás condiciones de la existencia individual, o también, en otros términos, es la “realización” de la posibilidad permanente e inmutable de la que el cuerpo no es más que la expresión transitoria en modo manifestado.]]. Si ello fuera de otro modo, y si los objetos de la manifestación no subsistieran así principialmente ( suposición que, por lo demás, es imposible en sí misma, ya que estos objetos no serían entonces más que una pura nada, que no podría existir de ninguna manera, ni siquiera en modo ilusorio ), no podría haber ningún retorno del estado de sueño profundo a los estados de sueño y de vigilia, puesto que toda manifestación formal sería irremediablemente destruida para el ser desde que ha entrado en el sueño profundo; ahora bien, antes al contrario, un tal retorno es siempre posible, y se produce efectivamente, al menos para el ser que no está actualmente “liberado”, es decir, definitivamente libre de las condiciones de la existencia individual.


En este estado, que también se designa a veces bajo el nombre de samprasâda o “serenidad”[[Brihad-Âranyaka Upanishad, 4 Adhyâya, 3er Brâhmana, shruti 15; también Brahma-Sûtras, 1er Adhyâya, 3er Pâda, sûtra 8. – Ver también lo que diremos más adelante sobre la significación de la palabra Nirvâna.]], la luz inteligible es aprehendida directamente, lo que constituye la intuición intelectual, y no ya por reflexión a través de la “mente” ( manas ) como en los estados individuales. Hemos aplicado precedentemente esta expresión de “intuición intelectual” a buddhi, facultad de conocimiento supraracional y supraindividual, aunque ya manifestada; así pues, bajo esta relación, es menester incluir de una cierta manera a buddhi en el estado de prajna, que comprenderá así todo lo que está más allá de la existencia individual. […]

“Éste ( prajna ) es el Señor ( Ïshwara ) de todo ( sarva, palabra que implica aquí, en su extensión universal, el conjunto de los “tres mundos”, es decir, de todos los estados de manifestación comprendidos sintéticamente en su principio ); Él es omnisciente ( ya que todo está presente a Él en el Conocimiento integral, y Él conoce directamente todos los efectos en la causa principial total, la cual no es de ninguna manera distinta de Él )[[Los efectos están “eminentemente” en la causa, como dicen los filósofos escolásticos, y son así constitutivos de su naturaleza misma, puesto que nada puede estar en los efectos que no esté primero en la causa; así la causa primera, al conocerse a sí misma, conoce por eso todos los efectos, es decir, todas las cosas, de una manera absolutamente inmediata y “no distintiva”.]]; Él es el ordenador interno ( antar-yâmî, que, residiendo en el centro mismo del ser, rige y controla todas las facultades que corresponden a sus diversos estados, aunque Él mismo permanece “no-actuante” en la plenitud de Su actividad principial )[[Este “ordenador interno” es idéntico al “Rector Universal” de que se trata en un texto taoísta que hemos citado en una nota precedente. – La tradición extremo oriental dice también que “la Actividad del Cielo es no actuante”; en su terminología, el Cielo ( Tien ) corresponde a Purusha ( considerado en los diversos grados que se han indicado precedentemente ), y la Tierra ( Ti ) a Prakriti; así pues, no se trata de lo que estamos obligados a traducir por las mismas palabras en la enumeración de los términos del Tribhuvana hindú.]]; Él es la fuente ( yoni, matriz o raíz primordial, al mismo tiempo que principio o causa primera ) de todo ( lo que existe bajo cualquier modo que sea ); Él es el origen ( prabhava, por Su expansión en la multitud indefinida de Sus posibilidades ) y el fin ( apyaya, por Su repliegue en la unidad de Sí mismo ) ( Esto es aplicable, en el orden cósmico, a las dos fases de “expiración” y de “aspiración” que se pueden considerar en cada ciclo particular; pero aquí se trata de la totalidad de los ciclos o de los estados que constituyen la manifestación universal. ) de la universalidad de los seres ( siendo Sí mismo el Ser Universal )”[[Mândûkya Upanishad, shruti 6.]].

Original

Cet état d’indifférenciation, dans lequel toute la connaissance, y compris celle des autres états, est centralisée synthétiquement dans l’unité essentielle et fondamentale de l’être, est l’état non-manifesté ou « non-développé » (avyakta), principe et cause (kârana) de toute la manifestation, et à partir duquel celle-ci est développée dans la multiplicité de ses divers états, et plus particulièrement, en ce qui concerne l’être humain, dans ses états subtil et grossier. Ce non-manifesté, conçu comme racine du manifesté (vyakta) qui n’est que son effet (kârya), est identifié sous ce rapport à Mûla-Prakriti, la « Nature primordiale » ; mais, en réalité, il est à la fois Purusha et Prakriti, les contenant l’un et l’autre dans son indifférenciation même, car il est cause au sens total de ce mot, c’est-à-dire tout à la fois « cause efficiente » et « cause matérielle », pour nous servir de la terminologie ordinaire, à laquelle nous préférerions d’ailleurs de beaucoup les expressions de « cause essentielle » et « cause substantielle », puisque c’est bien à l’« essence » et à la « substance », définies comme nous l’avons fait précédemment, que se rapportent respectivement ces deux aspects complémentaires de la causalité. Si Âtmâ, dans ce troisième état, est ainsi au delà de la distinction de Purusha et de Prakriti, ou des deux pôles de la manifestation, c’est qu’il est, non plus dans l’existence conditionnée, mais bien au degré de l’Être pur ; cependant, nous devons en outre y comprendre Purusha et Prakriti, qui sont encore non-manifestés, et même en un sens, comme nous le verrons tout à l’heure, les états informels de manifestation, que nous avons dû déjà rattacher à l’Universel, puisque ce sont véritablement des états supra-individuels de l’être ; et d’ailleurs, rappelons-le encore, tous les états manifestés sont contenus, en principe et synthétiquement, dans l’Être non-manifesté.

Dans cet état, les différents objets de la manifestation, même ceux de la manifestation individuelle, tant externes qu’internes, ne sont d’ailleurs point détruits, mais subsistent en mode principiel, étant unifiés par la même qu’ils ne sont plus conçus sous l’aspect secondaire et contingent de la distinction ; ils se retrouvent nécessairement parmi les possibilités du « Soi », et celui-ci demeure conscient par lui-même de toutes ces possibilités, envisagées « non-distinctivement » dans la Connaissance intégrale, dès lors qu’il est conscient de sa propre permanence dans l’« éternel présent ». S’il en était autrement, et si les objets de la manifestation ne subsistaient pas ainsi principiellement (supposition qui est d’ailleurs impossible en elle-même, car ces objets ne seraient alors qu’un pur néant, qui ne saurait exister en aucune façon, pas même en mode illusoire), il ne pourrait y avoir aucun retour de l’état de sommeil profond aux états de rêve et de veille, puisque toute manifestation formelle serait irrémédiablement détruite pour l’être dès qu’il est entré dans le sommeil profond ; or un tel retour est toujours possible, au contraire, et se produit effectivement, du moins pour l’être qui n’est pas actuellement « délivré », c’est-à-dire affranchi définitivement des conditions de l’existence individuelle.


Dans cet état, qui est encore désigné parfois sous le nom de samprasâda ou « sérénité », la lumière intelligible est saisie directement, ce qui constitue l’intuition intellectuelle, et non plus par réflexion à travers le « mental » (manas) comme dans les états individuels. Nous avons appliqué précédemment cette expression d’« intuition intellectuelle » à Buddhi, faculté de connaissance supra-rationnelle et supra-individuelle, bien que déjà manifestée ; sous ce rapport, il faut donc inclure d’une certaine façon Buddhi dans l’état de Prâjna, qui comprendra ainsi tout ce qui est au delà de l’existence individuelle. […]

« Celui-ci (Prâjna) est le Seigneur (Îshwara) de tout (sarva, mot qui implique ici, dans son extension universelle, l’ensemble des « trois mondes », c’est-à-dire de tous les états de manifestation compris synthétiquement dans leur principe) ; Il est omniscient (car tout Lui est présent dans la Connaissance intégrale, et Il connaît directement tous les effets dans la cause principielle totale, laquelle n’est aucunement distincte de Lui) ; Il est l’ordonnateur interne (antar-yâmî, qui, résidant au centre même de l’être, régit et contrôle toutes les facultés correspondant à ses divers états, tout en demeurant Lui-même « non-agissant » dans la plénitude de Son activité principielle) ; Il est la source (yoni, matrice ou racine primordiale, en même temps que principe ou cause première) de tout (ce qui existe sous quelque mode que ce soit) ; Il est l’origine (prabhava, par Son expansion dans la multitude indéfinie de Ses possibilités) et la fin (apyaya, par Son repliement en l’unité de Soi-même) de l’universalité des êtres (étant Soi-même l’Être Universel) ».