Simbolismo da Arqueria (3) (AKC)

El arco es el arma real por excelencia; la pericia en el tiro con arco es para el rey, lo que el esplendor de la teología es para el sacerdote (Satapatha Brahmana XIII.1.1.1-2). Es en su calidad de ksatriyas como Rama y el Bodhisattva pueden cumplir sus hazañas de tiro con arco. Al igual que los propios brazos del rey, los dos «brazos» del arco se asimilan a Mitra-varunau, a saber, la mixta persona del Sacerdotium y el Regnum; en el rito de la coronación el sacerdote transmite el arco al rey, llamándolo «el mata dragón de Indra», pues el rey es el representante terrenal de Indra, a la vez como guerrero y como sacrificador, y tiene dragones suyos propios que vencer; le da también tres flechas, con referencia a los mundos terrestre, intermediario y celeste (Satapatha Brahmana V.3.5.27 sig., V.4.3.7).

Como símbolo de poder, el arco corresponde a la concepción del poder de Dios, otorgado por Gabriel a Adam, para su protección, como se ha citado arriba de fuentes turkas. Es desde este punto de vista, a saber, el del dominio, como nosotros podemos comprender mejor los ritos ampliamente extendidos del disparo de flechas a los Cuatro Cuadrantes; cf. Rig Veda Samhita VI.75.2: «Con el arco, conquistemos nosotros las regiones». En el Kurudhamma Jataka (Jataka II.372) aprendemos que los reyes, en un festival trienal, «solían ataviarse con gran magnificencia, y vestirse como Dioses
de pie en la presencia del Yakkha Cittaraja, disparaban a los cuatro puntos cardinales flechas pintadas con flores». En Egipto, el disparo de flechas hacia los cuatro cuadrantes era una parte del rito de entronización faraónico. En China, en el nacimiento de un heredero real, el maestro de los arqueros «con un arco de madera de morera y seis flechas del Rubus salvaje dispara hacia el Cielo, la Tierra, y los Cuatro Cuadrantes» (Li Chi X.2.17); la misma cosa se hacía en Japón.

El arquetipo del rito que implica así el dominio es evidentemente solar; el hecho de que el rey libere cuatro flechas separadas, refleja un tiro de arco supranatural en el que los Cuatro Cuadrantes se penetran y se sujetan virtualmente por la descarga de un único dardo. Esta hazaña, conocida como la «Penetración de la Esfera» (cakka-viddham, donde cakka implica el «redondel del mundo») se describe en el Sarabhanga Jataka (Jataka V.125 sig.), donde se atribuye al Bodhisattva Jotipala, el «Guardián de la Luz» y un «disparo infalible» (akkhana-vedhin). Jotipala es el hijo del ministro brahman del rey, y aunque el arco, como lo hemos visto, es típicamente el arma del ksatriya, está completamente en orden que sea esgrimido por un brahman, representante humano del Brahma (sacerdotium) in divinis, «que es a la vez el Sacerdotium y el Regnum» (Satapatha Brahmana X.4.1.9), y que como cualquier avatara, es «a la vez sacerdote y rey». Jotipala es requerido por el rey para que compita con los arqueros reales, algunos de los cuales son igualmente «disparos infalibles», capaces de cortar un cabello o una flecha al caer. Jotipala apareció disfrazado, ocultando su arco, su cota de maya, y su turbante debajo de una vestidura externa; tenía preparado un pabellón, y una vez dentro de él, se desvistió su vestidura exterior, asumió la regalía, y encordó su arco; y así, plenamente armado, y tomando una flecha «guarnecida de diamante» (vajiragga — la significación de esto ya se ha señalado), «abrió de par en par la cortina (sanim vivaritva) y salió (nikkhamitva) como un príncipe de las serpientes (naga kumaro) emergiendo de la tierra. Trazó un círculo en medio del patio real de cuatro esquinas (que aquí representan el mundo), y disparando desde allí, se defendió contra innumerables flechas que le disparaban arqueros estacionados en las cuatro esquinas; entonces ofreció herir a todos estos arqueros con una única flecha, desafío que ellos no se atrevieron a aceptar. Entonces, habiendo levantado cuatro troncos de bananero en las cuatro esquinas del patio, el Bodhisattva, «atando un fino hilo escarlata (ratta-suttakam) a la punta plumada de la flecha, apuntó y golpeó a uno de los árboles; la flecha lo penetró, y después al segundo, al tercero, y al cuarto en sucesión, y finalmente de nuevo al primero, que ya había sido traspasado, y así volvió a su mano, mientras los árboles quedaban rodeados por el hilo».

Esto es, claramente, una exposición de la doctrina del «hilo del espíritu» (sutratman), en concordancia con la cual el sol, como punto de fijación, conecta estos mundos a sí mismo por medio de los Cuatro Cuadrantes, con el hilo del espíritu, como gemas en un hilo. La flecha es el equivalente de la «aguja», y se podría decir que, en el caso descrito arriba, los cuatro cuadrantes son «cosidos» entre sí y a su centro común; aquí la punta plumada, o la muesca de la flecha a la que se ata el hilo, corresponde al ojo de la aguja. En la práctica ordinaria una flecha no deja ningún rastro visible de su paso. Sin embargo, puede observarse que una flecha con un fino hilo atado a ella, puede ser disparada a través de una sima de otro modo infranqueable; por medio de este hilo puede tenderse un cable más fuerte, y así sucesivamente hasta que la sima queda franqueada por una soga; de esta manera el simbolismo del tiro con arco puede combinarse con el del «puente». El principio es el mismo en el caso de los artilugios salvavidas modernos, en los que se dispara un cable, en este caso desde un arma de fuego, desde la orilla a un barco que naufraga, y por medio de este cable puede tenderse un «cable salvavidas» más fuerte.

Por otra parte, los chinos empleaban efectivamente una flecha con una cuerda atada en la caza de aves, como puede verse claramente sobre un bronce grabado de la dinastía Chou, ahora en la Walters Art Gallery, Baltimore. Los esquimales también hacían uso de flechas con cabezas desmontables y una cuerda atada en la caza de la nutria de mar. De la misma manera en el caso de una red tendida con una cuerda atada, y en el caso del lazo; e igualmente en la pesca, donde la caña corresponde al arco y el anzuelo a la flecha de la aguja. En todos estos casos el cazador, análogo a la deidad, ata la presa a sí mismo por medio de un hilo, que seguidamente recoge. En este sentido Shams-i-Tabriz:

«Él ME dio la punta de un hilo — un hilo lleno de malicia y engaño — “Tira”, dijo, “para que yo tire; y no lo rompas al tirar”».

Un famoso pasaje en el Mahabharata (I. 123.46 sig. en la nueva edición de Poona) describe la prueba de los pupilos de Drona en el tiro con arco. Una águila artificial (bhasa) ha sido preparada por los artesanos, y erigida como blanco en la copa de un árbol. Se pregunta a tres pupilos: «¿Qué veis?», y cada uno responde: «Yo te veo a ti mismo, al árbol y al águila». Drona exclama: «Quitad de ahí; éstos tres no serán capaces de acertar el blanco»; y volviéndose a Arjuna le dice, «a ti te toca acertar el blanco». Arjuna se levanta tendiendo su arco (vitatya karmukam), y Drona continúa: «¿Tú también ves al árbol, a mí mismo, y al pájaro?». Arjuna responde: «Yo sólo veo el pájaro». «¿Y cómo ves el pájaro?». «Veo su cabeza, pero no su cuerpo». Drona, deleitado dice: «Suéltala» (muncasva). Arjuna dispara, corta la cabeza y la abate. Drona le da entonces el arma irresistible, la «cabeza de Brahma», la cual no puede usarse contra ningún enemigo humano; y puede haber poca duda de que esto implica la comunicación de un mantram iniciatorio, y el «secreto» del tiro con arco. La «enseñanza» evidente es la de la de concentración de mente unificada.

En competición pública Arjuna lleva a cabo un número de hazañas mágicas haciendo uso de armas apropiadas para crear y destruir toda suerte de apariencias, y entonces, desde un carro en movimiento, dispara cinco flechas dentro de la boca de un jabalí de hierro en movimiento, y veintiuna dentro de la abertura de un cuerno de vaca suspendido y balanceándose en el aire. En la gran competición por la mano de Draupadi, su padre ha hecho un arco muy recio, que nadie sino Arjuna será capaz de tender; y ha hecho también «un ingenio artificial suspendido en el aire y junto con él un blanco de oro» (yantram vaihayasam… krtimam, yantrena sahitam… laksyam kañcanam), anunciando que «quienquiera que encorde este arco y con él y estas flechas pase y traspase el blanco (atitya laksyam yo veddha) tendrá a mi hija». Cuando los príncipes competidores están asambleados, el hermano de Draupadi se dirige a la asamblea:

«Oidme, todos vosotros hijos de la Tierra: Éste es el arco, éste es el blanco y éstas son las flechas; acertad el blanco con estas cinco flechas, haciéndolas pasar a través de la abertura en el ingenio (yantrachidrenabhyatikramya laksyam samarpayadhvam khagamair dasardhaih).
Quienquiera que, siendo de buena familia, fuerte y bello, cumpla está difícil hazaña tendrá a mi hermana como esposa este día, y yo no digo mentira».

Esto sólo Arjuna es capaz de hacerlo; sus flechas penetran el blanco mismo, con tal fuerza como para clavarse en el suelo más allá de él.

El lenguaje mismo de todos estos textos expresa su significación simbólica. La hazaña es esencialmente la de Indra, de quien Arjuna es un descenso, mientras que Draupadi, el premio, es explícitamente Sri (Fortuna, Tyche, Basileia). Con apenas algún cambio en la redacción, esta narrativa podría referirse a la obtención de una victoria más eminente que la que puede ganarse con armas concretas solo. Esto aparecerá más claramente en la cita de la Mundaka Upanishad, abajo. Mientras tanto, puede observarse que muñcasva («suéltala») viene de muc («liberar»), la raíz de moksa y mukti («liberación espiritual», el «fin» último del hombre). Karmuka («arco») es literalmente «hecho de madera de krmuka», un árbol que Satapatha Brahmana VI.6.2.11 deriva de «la punta de la llama de Agni que tomó raíz en la tierra»; así el arco, como la punta de la flecha participa en la naturaleza del fuego. El significado primario de yantra es «barrera»; el yantra perforado suspendido a través del cual las flechas han de ser disparadas apenas puede concebirse sino como un símbolo del sol, es decir, una representación de la Puerta del Sol, a través de la cual la vía lleva a Brahma: «Por ella los hombres alcanzan la estación más alta». El hecho de que el blanco, cualesquiera que pueda haber sido su forma, sea «de oro», refleja los significados regulares del «oro», a saber, la luz y la inmortalidad; y que haya de ser alcanzado a través de un disco perforado, tal como yo asumo que debía ser el «ingenio», corresponde a expresiones tales como «más allá del cielo» (uttaram divah) o «más allá del sol» (parena adityam), cuya referencia es a la «otra mitad del cielo» (divi parardha), el «hyperouranios topos» de Platón, del cual no se ha hecho nunca ningún relato verdadero y que es sin nombre, como lo son aquellos que le alcanzan. Kha-ga, «flecha», es también «pájaro», y literalmente, «viajador a través del espacio vacío»; pero kha es también «vacío» y como tal un símbolo de Brahma — «Brahma es el Vacío, el Antiguo Vacío del pneuma
con lo cual yo sé lo que debe ser sabido» (kham brahma, kham puranam vayuram… vedainena veditavyam).

De hecho, es en la noción de la penetración de un blanco distante e invisible donde culmina el simbolismo del tiro con arco en la Mundaka Upanishad (II.2.1-4). En los dos primeros versos, a Brahma se lo describe como la unidad de los contrarios, el summun bonum, la verdad inmortal: «Eso es lo que debe ser penetrado, penétra-Lo, querido mío» (tad veddhavyam, somya viddhi). El tercero y cuarto versículos continúan:

«Tomando como arco la poderosa arma (Om) de la Upanishad,
Pon en él una flecha afilada con devociones (upasana-nisitam)
Ténsalo con una mente de la misma naturaleza que Eso (tadbhava-gatena cetasa):
El blanco (laksyam) es Ese Imperecedero; ¡penétra-Lo (viddhi), querido mío!
Om es el arco, el Espíritu (atman, el Sí mismo) la flecha, Brahma el blanco:
Ello es penetrable por el hombre sobrio; devén de una única
substancia con ello (tanmayo bhavet), como la flecha».

Aquí se hace la familiar ecuación, Atman = Brahman. La penetración es de igual a igual; el sí mismo espiritual representado por la flecha, no es en modo alguno el ego empírico, sino la Deidad inmanente, el mismo sí mismo en todos los seres: «A Él uno debe extraer(-Le) del propio cuerpo de uno, como se extrae la flecha de la caña» (Katha Upanishad VI.17); o, en los términos de Maitri Upanishad VI.28, debe «liberar(-Le)» y «soltar(-Le) volar» del cuerpo como se suelta una flecha del arco.

En Maitri Upanishad las expresiones difieren ligeramente, pero los significados permanecen esencialmente los mismos: hay obstáculos que han de ser traspasados antes de que pueda alcanzarse el blanco. En Maitri Upanishad VI.24, «El cuerpo es el arco, la flecha es Om, la mente es su punta, la obscuridad es el blanco (laksyam); y traspasando (bhitva) la obscuridad, uno alcanza eso que no está envuelto en obscuridad, Brahma más allá de la obscuridad, más allá del color del Sol (es decir, “de oro”), eso que brilla en aquel Sol, en el Fuego y en el Relámpago». En Maitri Upanishad VI.28 uno olvida, o vence (atikramya) a los objetos de los sentidos (sensibilia, «ta aisthéta»), y con el arco de la firmeza, encordado con la vía del monje errante, y con la flecha de la liberación de la ego-opinión (anabhimanamayena caivesuna), abate (nihatya) al guardián de la puerta de Brahma — cuyo arco es la codicia, cuya cuerda es la cólera, y cuya flecha es el deseo — y alcanza a Brahma.

La penetración de obstáculos es una hazaña común; la hemos visto arriba en la práctica turca, y en Jataka V.131 Jotipala traspasa un centenar de troncos atados como si fueran uno (ekabaddham phalakasatam vinijjhitva). En Visuddhi Magga, 674 un arquero lleva a cabo la difícil hazaña de traspasar un centenar de troncos (phalakasatam-nibbijjhanam) a una distancia de unas cincuenta yardas; el arquero está con los ojos vendados y montado sobre una rueda en movimiento (cakka-yante atthasi); cuando la rueda gira de manera que él está frente al blanco, se da la señal (sanna) con el sonido de un golpe que se da en el blanco con un palo; y guiado por el sonido, el arquero suelta la flecha y traspasa todos los troncos. El arquero representa la «Gnosis de la Vía» (magganana), mientras que la señal que se da es la de la «Gnosis Adoptiva» (gotrabhu-nana) y puede considerarse como un «recordador» del fin que ha de ser alcanzado; el atado de troncos significa los «troncos o agregados de la codicia, la mala voluntad y el engaño» (lobhadosa-moha-kkhandha); la «intención» u «objetivo» (arammana) es el Nibbana (Nirvana).